AMIGOS INVISIBLES vol.1

Por Florencia Dupont

17 de junio 2017
Espacio Taller Huemul. 

No sé por qué, pero suelo volver mentalmente al espacio de esa primera proyección. 
Una especie de galpón/taller abandonado en el barrio Franklin. 

Llueve y hace frío. 

Una pared a maltraer será la pantalla de proyección.

Fuimos el día anterior a realizar algunas pruebas y acondicionar el espacio. 

Era viernes y la lluvia recién empezaba.
Mirábamos el techo y sabíamos que se venía lo peor, pero nada se podía hacer. 

Esa noche llovió tanto que se cortó la luz donde vivía, pero con un par de velas terminé de preparar unos kuchenes para llevar al otro día. 

Nos juntamos temprano el sábado. 
Compramos parafina para encender la estufa e hicimos navegado.

Diegolar había montado su dream machine en una esquina, con una serie de calcomanías instructivas al  respecto que aun conservo en mi libreta de ceis8.

Inti tenía sus boxeadores en el centro de la sala, una doble instalación/proyección, una en 16 mm y otra en digital, sobre una placas led que había sacado de un televisor roto que había encontrado en la calle. Además, había llevado otras maquinitas que había hecho hace poco, una cajita que según recuerdo cambiaba la luz al ritmo del sonido ambiente.

Teníamos de invitado a Adrián Iza, un amigo chileno que vive en Argentina y que había venido de visita al país natal. Iba a mostrar sus películas, pero antes aprovechamos de desempolvar y proyectar unos rollos encontrados. La que más recuerdo es una animación en 16 mm, protagonizada por una especie de extraterrestre con cabeza triangular que no paraba de repetir “Qué difícil, qué complicado”. Luego aparecía una especie de mickey anticapitalista. Todo muy bizarro y fascinante. Además, Adrián traía unas cintas de unas mujeres vampiro, onda muy sesentera, que como toda peli vieja, empezó a trabarse en el segundo rollo. 

Luego mostró sus obras: Caudal Suprematista, una película Super 8mm intervenida; y Deja vu, doble proyección en super 8mm. Era conmovedor ver esas imágenes en una pared tan húmeda, esos recuerdos tan íntimos se fusionaban con el tiempo guardado en las grietas y ladrillos. Eran ambos un pedazo de memoria, a la vez físico y palpable, nostálgico y honesto.

Ya no llovía, pero el frío era intenso.

Llegó Nelson a mostrar sus películas intervenidas, y no se si teníamos la intención o efectivamente mostramos el film zine que habíamos hecho en la Pascua de Intervención cuya sede fue los 3A. El único registro de ese trabajo es un video que grabé con mi celular.

Esa Pascua vi por primera vez las películas super8 que me había traído de Buenos Aires: El casamiento de mis padres y el bautismo de mi hermano. Sonaba una cinta casete sobre la educación de los niños, que de forma lúdica Mats había puesto.

Volviendo a Franklin, Mat y Rob hicieron una intervención de cine expandido, jugando con colores, películas y música en vivo.

A pesar de la tormenta, llegamos a ser como 15 personas. Fue como estar en living de la casa, compartiendo con amigos; una versión expandida de lo que era llegar a los tres antonios y ver películas en la pared. Películas familiares, películas encontradas, experimentos fílmicos, pruebas con o sin errores, aberraciones, hongos, rayas.

Quizás volver a ese espacio es ir al encuentro de esos amigos invisibles, casi fantasmales, que rara vez se dejan ver.

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